Siguiendo con las metáforas y con la inteligencia emocional, aunque dedicando un espacio solo para él: Ricardo Ros es un psicólogo que ha desarrollado un extraordinario trabajo, relacionado con la inteligencia emocional. Especialmente interesante es su blog en el que a través de metáforas nos enseña la inteligencia emocional.
Aquí tenéis el enlace al Blog, del que soy seguidora incondicional, porque rebosa sabiduría (¡eso sí que me parece inteligencia!)

En el último boletín, Ricardo Ros nos habla sobre los que se hacen preguntas ("Si te haces una pregunta, es que ya tienes la respuesta"). Y nos dice esto:
"Hace poco una periodista me preguntaba sobre las crisis existenciales. Yo le estaba explicando que los seres humanos vamos pasando por distintas crisis a lo largo de nuestra vida y que quizás la más difícil de superar es cuando nos preguntamos “¿quiénes somos nosotros?”. La periodista me dijo: “Es que hay muchas personas que no están preparadas para hacerse esa pregunta”. Y yo le contesté: “Sólo se hacen esa pregunta quienes están preparados para recibir la respuesta. Quien no está preparado para la respuesta, no se plantea la pregunta”.
Realmente sólo estamos preparados para hacernos preguntas cuando estamos dispuestos a aceptar nuevas responsabilidades. Ni antes ni después. El crecimiento personal está unido a la responsabilidad. Un adolescente tiene una crisis cuando está preparado para entrar en la vida adulta y asumir las responsabilidades de la vida adulta. Si un adolescente no tiene esa crisis y no se plantea las preguntas adecuadas, seguirá siendo un adolescente aunque tenga cuarenta años. Las crisis existenciales nos preparan para dar un paso más hacia el crecimiento personal. El crecimiento personal es hacernos más responsables.
Hay que estar preparado y reconocer el momento en que se está preparado para plantearse algunas preguntas que nos meterán en una crisis, y conseguir las respuestas que nos sacarán de la crisis. Lo inteligente es hacer las cosas en el momento oportuno, cuando estás preparado y tienes el conocimiento suficiente. Nadie se plantea una pregunta si no está preparado para la respuesta.
Las crisis más importantes de la vida tienen que ver con dos preguntas fundamentales: ¿quién soy yo? (la identidad) y ¿quiénes somos nosotros? (lo transpersonal). Estas preguntas no tienen que ver con la edad (yo he conocido niños de doce años que ya se las hacían y a personas de ochenta que nunca se las habían hecho), sino con el nivel de madurez a la hora de asumir más responsabilidades. Saber esperar es adecuado a veces. Otras veces, esperar impide llegar al cruce de caminos que nos señalará el camino correcto.
Si nunca te has planteado “quién eres” o “quiénes somos”, no te preocupes. El hecho de que te interese ver este vídeo ya indica que ya tienes la escalera y estás buscando la pared adecuada donde apoyarla. Y si no es esta pared, será la siguiente".


El de esta semana es fantástico, porque... "Hoy he sabido lo que significa vivir"... del que mi conclusión es que para ser verdaderamente inteligentes no deberíamos dejar que el pensamiento tome el mado...
"Hace un par de meses iba caminando por un sendero que he recorrido mil veces. Bordea un río y se adentra por un pequeño bosque. Iba mirando al suelo y, de repente, levanté la vista. En medio del bosque siempre había habido una granja de animales, con una superficie de unos dos mil metros cuadrados. Cuando levanté la vista, la granja había desaparecido. Todos los edificios, establos y almacenes habían desaparecido como por ensalmo y quedaba sólo el terreno vacío en medio del bosque. Pensé que si no hubiera levantado la vista no me habría dado cuenta de que habían tirado aquellas edificaciones. No quedaba ni rastro, pero yo paso por allí dos o tres veces a la semana y no me había fijado en su desaparición. ¿Y si llevaba varias semanas o meses así y yo había pasado sin mirar?
Pasamos por la vida sin mirar. Nos metemos en nuestros bucles cotidianos, repetimos y repetimos los mismos gestos, los mismos pensamientos. Miramos siempre a los mismos sitios. Centramos nuestra atención siempre en las mismas cosas. Y nos perdemos todo lo demás.
Pensamos, pero no percibimos. Los pensamientos nos absorben, llenan todo nuestro ser y llegamos tristemente a pensar que la realidad es nuestro pensamiento, confundimos la realidad con lo que pensamos. El pensamiento se adueña, el pensamiento se hace uno conmigo mismo, y me lleva a creer que el pensamiento es la realidad.
El pensamiento funciona por repetición. Y como los pensamientos se repiten una y otra vez, al final esos pensamientos me impiden ponerme en comunicación con el mundo. Y cuando los pensamientos bloquean la relación con la realidad, ni siquiera mis ojos son capaces de ver, ni mis oídos de escuchar, ni mis sensaciones de percibir lo que realmente está ocurriendo fuera de mí.
Hoy he vuelto a pasear por el bosque. Me he sentado bajo un árbol. He cerrado los ojos y he escuchado los cantos de los pájaros, el ruido de las ramas de los árboles movidas por el viento, el murmullo lejano del río, crecido tras las últimas lluvias. Después he abierto los ojos. Y sin oír nada, he mirado. Unas hormigas trabajaban incansables. Unos petirrojos hacían cabriolas sobre unas matas. Unas campanillas trepaban por un seto. He vuelto a cerrar los ojos y he tocado. La hierva. El tronco del árbol. Una piedra. Después he olido. Olores mezclados de hojas caídas, flores en decadencia, corteza de castaño. Una suave brisa sobre mi piel. Y, por último, he sentido. Mi infancia, el final del verano, el recuerdo de un beso adolescente.
Cuando lo he mezclado todo, percepciones y sentimientos, sin dejar que el pensamiento tome el mando, he sabido lo que significa vivir".



En esta semana (18 de enero) Ricardo Ros nos haba sobre "El dragón que creía que no podía salir de su cueva".

"Pedro me escribe un email en el que me dice que desde siempre ha vivido en función de los demás, que siempre ha tratado de agradar a los demás. Me dice que siempre hizo lo que pensaba que quería su padre, que estudió lo que pensaba que quería su padre y que, ahora, todo lo hace en función de lo que cree que su mujer espera de él o de lo que cree que su jefe desea de él. Va con su familia a las vacaciones que planean sus amigos, se compra la ropa que ve que se compran sus amigos, lee los libros que le prestan sus amigos… Me explica que el otro día, al leer una de mis reflexiones, se dio cuenta de que él no estaba viviendo su vida. La profesión que tiene no es de su agrado, le gustaría ir de vacaciones a otros sitios, vestirse de otra manera y llevar una vida diferente.
Adonis me dice que está cansado de la vida que lleva. Tiene 48 años y ha vivido hasta el año pasado con su madre, ya que ella nunca le ha permitido independizarse. Cuando tenía una novia, su madre se ponía muy enferma y tenía que quedarse en casa para cuidarla. Una vez que se fue a vivir a otro sitio, su madre trató de suicidarse, con lo que nunca más se atrevió a dar otro salto fuera de la casa de su madre. Vive muy frustrado, porque ahora su madre tiene Alzheimer y la ha tenido que ingresar en una residencia, pero me cuenta que en este momento ya no sabe qué hacer con su vida, porque no está preparado para vivir sin su madre.
Mariángeles ha vivido toda su vida dependiendo de alguien. Primero de su madre, después, cuando se casó, de su marido. Tanto su madre como su marido son personas autoritarias y nunca le han pedido su opinión sobre las decisiones que la implicaban. Por ejemplo, me cuenta que su madre la matriculó en un curso de peluquería, sin consultarla, y que después le buscó un trabajo de peluquera sin preguntarle su opinión. Ahora su marido toma todas las decisiones, la obligó a dejar de trabajar, y decide todo sin preguntarle nada. “Me siento muy triste, me dice, porque mi marido no ha querido tener hijos y sé que tiene varias amantes. Mi vida es un desastre, pero no sé cómo escaparme y rehacer mi vida”
Tú existes por ti mismo, no son los demás los que te crean. Tu vida es independiente de los demás. Cuanto más construyas tu personalidad en función de los demás, más te alejarás de la felicidad. La felicidad depende del estado de tu mente, no de lo que los demás piensen sobre ti. La felicidad depende de lo que escojas en cada instante de tu vida. Incluso esas pequeñas decisiones que parece que no tienen importancia, marcan lo que ocurrirá en el presente y en el futuro. Si dejas que los demás creen tu mundo, quizás los demás alcancen sus objetivos, pero tú te alejarás cada vez más de los tuyos. Vives en el mundo que creas cada día. Es tu mundo, es tu vida, nada ni nadie tiene derecho a intervenir en tu vida.
No tienes que dedicarte al bienestar de los demás. Tú no puedes hacer feliz a los demás, porque la felicidad depende de cada uno. Nadie es capaz de hacerte feliz. La felicidad está en tu mente, en cómo te vives a ti mismo y al mundo.
El otro día en un viaje en avión, mi compañero de asiento me dijo que tenía 38 años y que lo había dejado todo, su trabajo y su pareja, y que se iba a una isla del pacífico sin nada, con las manos vacías, porque sabía que la vida que llevaba no le estaba haciendo feliz y quería empezar de nuevo. Siempre puedes iniciar una nueva vida. No importa que te equivoques, si estás atento a esa equivocación.
Haz lo que quieres hacer. Sé lo que quieres ser."


En la semana del 24 de Enero, Ricardo Ros nos ofrece esta interesante reflexión sobre el sentido de nuetras vidas, que él titula "El efecto mariposa"

"Raúl me dice que tiene 42 años y que últimamente se plantea para qué ha nacido, que le da mil vueltas a esa pregunta y que no encuentra una respuesta. Yo le explico que la crisis de los cuarenta años consiste en que uno se da cuenta de que hace nada tenía veinte años, y que la crisis de los cincuenta es pensar que hace veinte años tenía treinta y dentro de otros veinte tendré setenta. Pero él me dice que no es eso, sino que no sabe para qué ha nacido.
Recuerdo una película de los años cuarenta, Qué bello es vivir, de Frank Capra, en que el protagonista (James Stewart) se arruina y cuando se va a suicidar aparece su Ángel de la Guarda. Le dice que le gustaría no haber nacido y el Ángel de la Guarda le dice “concedido”. A partir de ese momento comprueba que su mujer se quedó soltera, que el alcalde era un alcohólico (porque él no le aconsejó en un momento de su vida), que la ciudad era diferente (porque él no ayudó a construir determinados barrios), que su hermano murió (porque el no pudo salvarlo en un accidente), etc. Entonces se de cuenta de que su vida había afectado a muchas personas y que el mundo sería diferente sin él.
Le explico a Raúl el argumento de esta película y me dice: “Si yo no existiera, mis hijos no existirían. Creo que ahora entiendo por qué he nacido”
Piensa en el motivo de tu existencia. ¿Recuerdas aquella persona a la que saludaste ayer en la calle y a la que sonreíste? Es posible que tu sonrisa haya cambiado su vida. ¿Recuerdas que ayer le diste un consejo a un amigo? Muy posiblemente su vida será diferente a partir de ahora. ¿Recuerdas que ayer hablaste con tu hijo y le hiciste reflexionar sobre un problema que tenía? Tu hijo será diferente y alcanzará sus objetivos a partir de lo que ayer le dijiste. Simplemente por cualquiera de estas cosas, tu existencia ya está justificada.
El efecto mariposa, un concepto de la teoría del caos que dice que “el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un tsunami al otro lado del mundo”, también se puede aplicar a tu propia vida. Cada palabra que pronuncias, cada gesto que haces, cada cosa que realizas, tiene un efecto boomerang sobre el mundo".



En esta primera semana de febrero, Ricardo Ros nos haba sobre "Los baches del camino":
"Solemos quejarnos de los demás. Decimos que nos hacen la vida imposible. Mi pareja me reclama continuamente y me pide que sea perfecto. Mis padres están todo el día encima, tratando de presionarme. Mi jefe se extralimita en sus exigencias, me pide demasiadas cosas que yo no tendría que hacer. Mis amigos tensan demasiado la cuerda y se pasan en sus pretensiones, parece que tengo que resolverles yo la vida.
Por otro lado nos quejamos también de las personas que creemos que nos hacen daño. Un compañero de trabajo no me habla y parece que siempre está enojado conmigo. Un hermano parece que está todo el día buscando pelea, si no es una cosa es otra, pero al final acabamos enfadados. Un compañero de mi equipo de futbol amateur siempre me está echando puyas, tratando de que salte o de que le de un golpe. La secretaria de mi jefe me trata como si fuera basura, ni siquiera me mira a la cara.
¡Qué suerte tienes de que haya personas así a tu alrededor! Te va a parecer sorprendente lo que te voy a decir: gracias a ellos tú creces como persona.
Agradece a los demás lo que hacen para tu transformación. ¿Qué ocurriría si no hubiera baches en tu camino, si la vida fuera perfecta, si todo te saliera bien, si no tuvieras choques con otras personas? ¿Qué pasaría si tus padres o tu pareja no te presionaran o si tus amigos no te exigieran más de lo que les puedes dar? ¿Cómo sería tu vida si no te encontraras con personas que se bloquean contigo, que no te aceptan como eres o que tratan de desafiarte?
Si eres como eres, si estás creciendo como persona, es porque has encontrado todas esas dificultades en tu camino, porque hay personas cerca de ti con esas características, que te sacan de quicio, que te hacen sentirte mal, que te exigen demasiado.
Haces músculo cuando utilizas tus brazos o tus piernas. Tienes más inteligencia cuando tienes problemas difíciles de resolver. Las dificultades, los conflictos, los peligros, nos hacen fuertes.
La próxima vez que tu hermano te desafíe o que tus padres te presionen, aprovecha esa situación para aprender sobre ti mismo. No les eches la culpa a los demás. Aprende sobre ti mismo. Todo lo que te sucede es una buena oportunidad para crecer. Crecemos como personas cuando aceptamos nuevos desafíos, cuando aprendemos de la experiencia, cuando somos capaces de aceptar nuevas responsabilidades.
¡Qué suerte tienes de que haya personas así a tu alrededor!


En esta segunda semanade febrero, Ricardo Ros nos haba sobre "Lo que hay detrás del espejo":
Hace unos días recibí la visita de un amigo de la infancia. No nos habíamos visto desde hacía muchos años, ya que él se había ido a vivir a otra ciudad. Como ocurre con los amigos de la infancia, aunque su vida y la mía no tenían muchas cosas en común, los dos nos sentimos como si nos hubiéramos visto el día anterior. Nos contamos nuestras vidas. Mi amigo me contó su historia, cinco hijos de cuatro parejas diferentes, sus trabajos de alta responsabilidad, sus hobbies, lo que le gusta leer, y acabamos, lógicamente, hablando de nuestros recuerdos de infancia: aquél profesor tan severo, aquellos primeros escarceos con chicas, las ilusiones que teníamos…
Le conté que cuando era adolescente yo quería ser como él, tan extrovertido, tan simpático, siempre haciendo bromas. Yo trataba de copiar su corte de pelo, su forma de vestir, su manera de hablar. Mi amigo se echó a reír. Me dijo que eso era precisamente lo que a él le pasaba, que él quería ser como yo, y que él trataba de hacer lo mismo que yo. Acuérdate, me dijo, que hasta me ricé el pelo una vez y me quedó fatal.
Santiago me escribe una carta en la que me dice que le gusta mucho todo lo que yo escribo y que le gustaría parecerse a mí, para poder ayudar a otras personas. Me dice que imita mi forma de hablar, que aplica mis reflexiones en su vida a rajatabla y que no sabe cómo sería su vida si no me hubiera encontrado en Internet.
Elena es una psicóloga recién graduada y me escribe toda entusiasmada, diciéndome que quiere estar conmigo durante una semana porque quiere modelarme. Modelar es una técnica que consiste en hacer propias las creencias, estrategias, estados y conductas corporales de un modelo. Modelar es muy interesante para aprender estrategias que les funcionan a otros. Si yo veo cómo cocina un extraordinario chef y lo modelo, posiblemente podré hacer sus platos de una forma parecida.
Tratamos de ser como los demás, parecernos a ellos, pensando que los demás son más valiosos que nosotros. Les damos cualidades a los demás inmerecidas, sobrevaloramos sus conocimientos y aptitudes, pensando que nosotros no tenemos tanto valor como ellos.
El camino es diferente para cada persona. Si tratas de compararte con otra persona nunca conseguirás ser feliz, porque lo único que ves es su parte externa, no su interior. Yo puedo modelar a un chef su estrategia en la cocina, pero hay otros aspectos de ese cocinero que no son positivos, como cuando desborda su mal genio con los aprendices o su ironía cuando está con su mujer. No sabemos lo que ocurre en la vida de las demás personas y sólo nos fijamos en el aspecto exterior, tratamos de imitar su aspecto exterior. No sabemos lo que hay detrás del espejo.
Disfruta de la vida sin compararla con la de los demás. Tú eres responsable de ti mismo. Tú eres lo que creas cada día.

En esta tercera semana de febrero, Ricardo Ros nos haba sobre "El sufrimiento del Ave Fenix"
Siento un gran dolor en el pecho, me dice Lourdes, estoy como desgarrada por dentro. Me explica que su matrimonio ha hecho aguas y que ya no tiene remedio, que ha intentado recomponerlo muchas veces, pero que ya se da por vencida.
Amparo me dice que tuvo un grave accidente en la autopista, que estuvo dos meses inconsciente y que lleva tres años rehabilitando todos sus huesos rotos. Me dice que ahora comienza a caminar, pero que esta tan destrozada anímicamente que no sabe por dónde salir. Me explica que su novio murió en el accidente y que eso es lo que más dolor le está causando, porque era ella la que conducía y había bebido un poco más de la cuenta. Todos le echan la culpa a ella e incluso ha perdido a todos sus amigos. Se siente sola y muy lastimada.
Julia y Andrés han perdido a su hijo de tres años, después de una terrible enfermedad. Están desolados, hundidos y con mucha culpa por no haber sabido buscar una cura para su niño. Me dicen que el dolor es tan profundo que creen que nunca lo van a poder superar.
Cuando acercas tu mano al fuego, tu cuerpo responde inmediatamente retirando la mano. Si ves que una avispa se acerca a tu piel, rápidamente tratas de alejarla o te alejas tú de ella. Si ves que un perro te ladra, tratarás de apartarte de su camino.
El dolor emocional es una alerta, un signo, un síntoma de que algo tenemos que cambiar. Nuestro cerebro se está rebelando, nos está diciendo que ahora es el momento de cambiar. El dolor nos indica que tenemos que hacer algo diferente con nuestra vida.
Muchas personas se quedan agotadas por el dolor emocional, encerradas en sí mismas y buscando culpables en ellos mismos o en los demás. Otras pierden la esperanza de poder salir de ese terrible dolor. No rechaces el dolor. No pongas resistencia al dolor. Acéptalo. Acéptalo para cambiar. Observa tu propio sufrimiento. Sólo así podrás cambiarlo.
El dolor emocional es una señal de que algo no funciona en nuestra vida. El dolor que produce la pérdida de un ser querido, el sufrimiento que produce una enfermedad o un accidente, la ruptura de una relación amorosa, la pérdida del trabajo, es una buena oportunidad para replantearnos nuestra vida. La angustia, la ansiedad, es la mejor oportunidad para buscar nuevos enfoques a nuestra vida.
Cuando te quemas retiras la mano. Cuando sientas dolor emocional aprovecha para dar un nuevo giro a tu existencia.



Y en la última semana de febrero, nos habla de las etapas del duelo:
Cualquier pérdida produce dolor. Eso es lo más natural del mundo. La pérdida de un trabajo, la pérdida de la relación de pareja, la pérdida de una amistad. Pero el mayor dolor es cuando perdemos a un ser querido. Cuando muere un ser querido se produce una respuesta automática de sufrimiento que sólo el tiempo sabe resolver. Todas las personas pasamos por distintas etapas hasta llegar a la aceptación, que consiste en volverse a conectar con el ser querido, vivo todavía en nuestro interior.
Marina vino a mi consultorio sumida en una terrible depresión. Desde que murió su marido la vida había dejado de tener sentido para ella. Todas las tardes desde aquella terrible fecha acudía al cementerio y todas las tardes Marina se sentía abatida hasta la extenuación por un suceso que no llegaba a comprender. Incluso algunos días le reprochaba a su marido muerto el que la hubiera abandonado. Estos son sentimientos normales en el ser humano inmediatamente después de haberse producido la pérdida. Pero es que el marido de Marina había fallecido hacía ocho años y Marina seguía sintiendo lo mismo que el primer día. Marina revivía todos los días la pérdida, no permitiéndose a sí misma el proceso de duelo.
Yolanda tiene ahora 30 años. Su padre murió cuando ella tenía diez. Desde entonces, y esto es algo que no ha hablado nunca con nadie, Yolanda sufre diariamente por la pérdida. Se reprocha a sí misma no haber sabido transmitir a su padre sus sentimientos de amor. Yolanda recuerda todos los días el funeral de su padre y todos los días revive las escenas más dolorosas. No hacerlo le produciría, dice, la sensación de traicionar a su padre.
Juan perdió a su mujer y a su hija de nueve años cuando sufrieron un accidente de tráfico hace cinco años. Juan se amarga todos los días, dándole vueltas a no haber muerto él también junto a sus seres queridos. Su mujer es la que conducía y también piensa que si él no hubiera bebido y hubiera podido conducir no habría pasado ese accidente, ya que su mujer tenía poca experiencia al volante. Esto son ejemplos de duelos no resueltos.
La mayor parte de las personas pasamos por varias etapas:
Primero negamos el hecho de la muerte, negamos la posibilidad de que no tengamos nunca más la opción de estar con el ser querido, negamos que en algún momento podamos recuperarnos de esta pérdida.
En una segunda etapa nos enfadamos con nosotros mismos por no haber sabido cuidar bien al ser querido o por no habernos dado tiempo a demostrarle que lo queríamos. También puede haber enojo contra los médicos que no supieron salvarle la vida, contra la propia persona fallecida por abandonarnos o incluso contra Dios por permitir tanto sufrimiento.
La tercera etapa es de compromiso. Llegamos a un compromiso con nosotros mismos y con el mundo.
La cuarta etapa es de aceptación. Aceptamos que la persona fallecida sigue estando “viva” dentro de nosotros, que nos ha dejado su cariño, que somos parte de ella, a través de todo lo que hemos sentido, vivido y amado a través de ella cuando estaba viva.
Esa es la clave. Una vez que aceptamos la muerte, la persona querida vuelve a estar viva para nosotros, la sentimos en nuestro interior, oímos sus consejos, sus experiencias, sus vivencias. Ya no nos viene a la mente el momento de la muerte, la enfermedad, el velatorio, el funeral, el entierro, sino que recordamos situaciones en las que la persona amada estaba viva y nos transmitía sus sentimientos hacia nosotros. Recordamos escenas que nos producen paz, bienestar, salud.
Todos somos diferentes y hay personas a las que les cuesta más tiempo que a otras. Pero es muy importante recorrer estas cuatro etapas lo antes posible.